Un Alfa Romeo 155 Q4 con algo más detrás
Algunos coches se convierten en parte de nuestra vida casi sin darnos cuenta. Este Alfa Romeo 155 Q4 es uno de ellos. Lo que empezó como la búsqueda de un coche con más carácter para disfrutar en circuito terminó transformándose en un proyecto personal, un homenaje a la historia del automovilismo y, sobre todo, en una extensión de quien lo conduce.
Historia del coche
Edu lleva con este Alfa Romeo 155 desde hace aproximadamente diez años. Durante gran parte de ese tiempo el coche convivió con su anterior Alfa, un Alfa Romeo 147, que utilizaba como coche de diario desde muy joven.
De hecho, fue precisamente ese 147 el que despertó en él el interés por buscar algo más radical para disfrutar de la conducción en circuito. Con aquel coche llegó incluso a rodar en circuitos tan míticos como Nürburgring y Zandvoort. Sin embargo, el pequeño compacto italiano tenía una limitación evidente: sus 100 caballos.
En las frenadas y en las curvas el 147 se defendía sorprendentemente bien, llegando incluso a adelantar a coches mucho más potentes. Pero en cuanto llegaban las rectas o la salida de las curvas, la diferencia de potencia se hacía evidente.
Como recuerda Edu:
“Joe, es que necesito un coche que corra más”.
Aquella sensación fue la que le llevó a empezar a buscar un coche pensado específicamente para circuito. La idea era clara: tener un coche para disfrutar en pista y dejar el 147 únicamente para uso diario.
La elección del Alfa Romeo 155 fue, en cierto modo, inesperada. No estaba entre los modelos que tenía inicialmente en mente, pero un anuncio llamó su atención y todo cambió.
Durante ocho años ambos coches convivieron: el 155 como coche para circuito y el 147 como compañero de diario, hasta que hace un par de años un accidente con el 147 puso fin a esa etapa.
¿Por qué un Alfa Romeo 155 Q4?
El modelo que Edu encontró era algo muy especial dentro de la gama: un Alfa Romeo 155 Q4.
Esta versión compartía una característica muy particular con uno de los coches más legendarios del rally de los años noventa: el Lancia Delta HF Integrale Evo 2, con motor 2.0 turbo de 16 válvulas y tracción total permanente.
De hecho, el sistema de transmisión del 155 Q4 deriva directamente de la arquitectura utilizada en el Delta Integrale, lo que convierte a este Alfa en una rareza dentro de la familia 155.
Para alguien que buscaba una buena base mecánica para circuito aquello era difícil de ignorar. Además, ofrecía una combinación muy atractiva: prestaciones y potencial de preparación similares al Delta Integrale, pero con un coste mucho más accesible.
Así que Edu no lo dudó demasiado. Vio el anuncio, reconoció el potencial del coche y se lanzó a por él con una idea clara: convertirlo en un coche preparado para disfrutar en circuito.
Hoy muchos lo llamarían un tracktool, un coche pensado para rodar rápido y sacar lo mejor de cada vuelta.
Edu, sin embargo, tiene una forma mucho más directa de describirlo:
“El Caldero Atómico”.
Y viendo cómo acelera y cómo se comporta en carretera, el nombre no parece exagerado.
Homenaje al Alfa Romeo 155 V6 TI
La estética del coche tampoco es casual. El vinilado inspirado en el Alfa Romeo 155 V6 TI del DTM rinde homenaje a uno de los turismos de competición más icónicos de los años noventa, protagonista en campeonatos como el Deutsche Tourenwagen Meisterschaft.
Aquel coche de competición se convirtió en un símbolo para muchos aficionados al automovilismo, y el 155 de Edu no pretende ser una réplica exacta. Es más bien un tributo personal a aquella época dorada del motorsport, cuando los turismos de competición marcaron a toda una generación de apasionados del automóvil.
Lo que significa este coche
Aquí es donde la historia deja de ser solo sobre un coche. Para Edu, el 155 es mucho más que una máquina: es, como él mismo lo describe, una extensión de sí mismo, un espacio donde desconectar y evadirse de los días difíciles.
Conducirlo se ha convertido con el tiempo en una especie de bálsamo, una forma de transformar la conducción en algo casi terapéutico. Acompañándolo como copiloto se entiende perfectamente por qué.
Cada aceleración transmite la potencia de un coche que, a pesar de tener más de tres décadas, entrega alrededor de 320 caballos con una contundencia sorprendente. Pero no es solo cuestión de potencia: también hay algo más difícil de explicar, una sensación de conexión directa entre conductor y máquina.
La mezcla entre un coche bien preparado, una base mecánica sólida y las manos adecuadas al volante hace que todo fluya de forma natural. Y entonces ocurre algo curioso: un coche con más de treinta años a sus espaldas puede hacerte sentir más conectado a la conducción que muchos coches modernos con potencias similares.
Porque, en el fondo, este Alfa Romeo 155 no es solo un coche. Es una historia de pasión, de mecánica y de conducción pura.
Un coche que no pasa desapercibido
Durante la sesión de fotos ocurrió algo curioso. A lo largo de la mañana varias personas se acercaron espontáneamente a admirar el coche, demostrando que algunos automóviles tienen una capacidad especial para despertar recuerdos y conversaciones entre aficionados.
Uno de los primeros en acercarse fue el propietario de un Porsche 911 Carrera 4 de principios de los años noventa. Tras observar el Alfa durante unos minutos, no pudo evitar sentarse en el asiento del conductor, girar la llave y dar un pequeño acelerón. Sonriendo, le pidió a Edu que se sentara él al volante porque quería escuchar el coche desde fuera.
Y es que hay algo en los coches bien preparados que se entiende mejor desde el exterior: el sonido, la forma en que el motor sube de vueltas y esa personalidad mecánica que muchos coches modernos han perdido.
Un poco más tarde se acercó otro chico que, con cierta emoción, pidió a Edu si podía grabar un pequeño vídeo del coche acelerando en parado. El Alfa Romeo 155 era el coche favorito de su padre y quería llevarse ese recuerdo.
Quizás uno de los momentos más curiosos de la mañana llegó mientras continuábamos con las fotografías. Un señor que pasaba en bicicleta se detuvo al ver el coche y, entre risas, lanzó una propuesta inesperada:
“Pongo la bicicleta al lado y le haces una foto… que los dos tienen la misma edad”.
Tras observar el Alfa durante unos minutos más, se despidió con una frase que resumía perfectamente lo que muchos pensaban aquella mañana:
“Está en un estado impecable”.
Un coche que sigue emocionando
El Alfa Romeo 155 Q4 nunca fue un coche común dentro de la historia de Alfa Romeo. Su conexión técnica con el legendario Lancia Delta HF Integrale Evo 2 lo convirtió en una rareza dentro de la marca y en una base perfecta para quienes buscaban algo más que un simple coche de calle.
Y quizá por eso, más de treinta años después, este Alfa Romeo 155 sigue haciendo exactamente lo mismo que el primer día: emocionar a quien se sienta al volante… y también a quien lo escucha pasar.
Cada coche tiene una historia distinta. Si algún día te apetece guardar la del tuyo de esta manera, estaré encantado de escucharla. Puedes escribirme desde la página de contacto.
Cómo terminó este Alfa Romeo 155 Q4 delante de mi cámara
A veces los reportajes no nacen de un encargo ni de una búsqueda concreta. Simplemente ocurren. Este Alfa Romeo 155 Q4, por ejemplo, llevaba tiempo llamando mi atención en el garaje donde guardo el coche. Cada vez que pasaba por delante me detenía unos segundos a mirarlo. No es un coche que se vea todos los días y, además, estaba en un estado que hacía evidente que su dueño lo cuidaba con mucho mimo.
Durante un tiempo todo quedó en eso: un coche interesante que veía de vez en cuando. Hasta que un día decidí preguntar al conserje del garaje si conocía al propietario. Nacho, que es quien se encarga de que todo funcione allí y que además siempre está dispuesto a echar una mano, me dijo que sí. Le dejé una tarjeta por si quería pasársela al dueño, con la idea de ofrecerle hacer unas fotos del coche simplemente por el placer de fotografiar una unidad así.
Poco después recibí un mensaje. Era Edu, el propietario del Alfa Romeo 155 Q4. Había visto la tarjeta y le pareció buena idea, así que quedamos unos días más tarde para hacer una sesión sencilla, sin prisas y sin más objetivo que disfrutar del coche y documentarlo como se merece.
Este tipo de sesiones tienen algo especial, porque no hay presión comercial detrás. No hay un anuncio que preparar ni un plazo de publicación que cumplir. Solo un coche con historia, su propietario y el tiempo suficiente para observar los detalles que normalmente pasan desapercibidos.
Durante la sesión fuimos hablando de cómo llegó el coche a sus manos, del tiempo que lleva con él y de todo el trabajo de cuidado y mantenimiento que hay detrás para conservarlo tal y como está hoy. Como fotógrafo de automoción, tener delante de la cámara coches así siempre es un pequeño privilegio, no solo por el coche en sí, sino por lo que representa para su propietario.
Si te interesa ver otros trabajos similares, puedes echar un vistazo a los proyectos que he realizado con otros coches especiales. Y si alguna vez te planteas documentar la historia del tuyo, también puedes consultar cómo funcionan los reportajes fotográficos.
Al final, muchas veces las mejores sesiones nacen así: de una conversación en un garaje y la curiosidad compartida por un coche que simplemente merece ser fotografiado.


























